
Estimados amigos, este es un tema que me preguntan desde mi época en mitos y leyendas, quisiera tomar el espacio y contarles algo que espero les resulte interesante.
El hombre lobo es un ser mitológico engendrado al calor de las leyendas y cuya existencia (figurada o real) se ha ido transmitiendo de generación en generación, es un símbolo del miedo del hombre hacia la naturaleza. Es muy obvio que las leyendas sobre licantropía hayan proliferado en ámbitos rurales de economía ganadera en los cuales los ataques de lobos eran frecuentes.
El origen del mito licantrópico es oscuro y, por tanto, sobre él hay diversas versiones. Caro Baroja defendía que data de la época clásica de Grecia y Roma. Concretamente, se refiere a la leyenda narrada por el gran Ovidio sobre Lycaon, Rey de Arcadia, convertido en hombre lobo por Zeus como castigo a su licenciosa conducta, otros dicen que fue castigado por los pecados de otro. Si le creemos a autores que miran al norte con curiosidad, vemos consideran el mito de la licantropía como una derivación, progresivamente deformada, de la figura de los Berserker (los famosos guerreros-oso nórdicos).
Durante los siglos XV y XVI, los hombre lobo, fueron un tema recurrente, ya que una verdadera psicosis reinaba entonces entre el campesinado y numerosos individuos acusados de licantropía fueron juzgados y condenados por los tribunales por haber cometido asesinatos de carácter canibalesco bajo la apariencia de lobos.
Se registran a través de la historia muchos juicios de los cuales comparecen personas sospechosas de ser hombre lobo. En 1521, en Francia, dos campesinos, Burgo y Vicente, fueron juzgados bajo esta acusación.
Entre las sombras de 1574 se juzgó a un hombre llamado Gilles Garnier, acusado de haber asesinado a muchas personas, entre ellas a varios niños, y de haberlas devorado después de transformarse en lobo. Su propia mujer testifico en el tribunal argumentando que Garnier le había ofrecido carne de los cuerpos, eso de transformarse en lobo supuestamente lo lograba a través de un pacto con el Diablo. Bastante gente dijo tener conocimiento de este pacto, e incluso el mismo reconoció, y dice haber utilizado un ungüento mágico para cubrir su cuerpo antes de atacar a sus víctimas. El proceso contra Garnier fue muy similar a aquellos en que se juzgaba a hechiceros o brujas y el culpable era condenado a la pena habitual en los casos de hechicería: a la hoguera.
Luego, unos años después, ocurrió algo similar en Alemania, un campesino llamado Pedro Stumf fue acusado de haber asesinado y devorado, bajo la apariencia de un lobo, a trece niños, entre ellos a su propio hijo, y de haberse comido sus cerebros
Cualquiera pensaría que este asunto de la licantropía es solo de hombres, pero no es así, en Lausanne, en 1604, cinco brujas metamorfoseadas en lobas se llevaron a un niño y lo devoraron después de haberlo hervido. Como fuera que estos hechos fueron comprobados, ellas también fueron quemadas vivas.
En esta época se generó una obsesión acerca del tema de los hombres lobo. Campesinos y lugareños intentaban cazar a estos "hombres-animales", tanto así que se registraron alrededor de 1600 casos de licantropía, y ese número aumentó durante el llamado Siglo de la Razón.
El rigor de los inviernos a fines de la Edad Media y a comienzos de la época moderna, así como el temor a los lobos, todavía muy presente en los bosques de Europa entre los siglos XV y XVI, pueden explicar la epidemia de hombre lobo que se produjo en esa época. Pero la convicción de que un ser humano puede transformarse en un animal depredador no es sólo propia del mundo occidental. La figura del hombre tigre y la del hombre cocodrilo desempeñan un rol análogo a la del hombre lobo en las leyendas indias y africanas. Como los hombres hienas, los Balam mayas o los hombres cuervo.
Bueno y ustedes se preguntarán:
¿Cómo demonios me salvo de uno de estos?
Algunas tradiciones afirman que debe ser llamado tres veces por el nombre de pila, o extraerle tres gotas de sangre mientras se produce la transformación. El exorcismo también fue una receta difundida, o también alguna planta medicinal, como la mandrágora. Pero lo más efectivo es dispararle con balas de plata bendecidas previamente por un sacerdote y confeccionadas con algún objeto de culto.